Corazón partió
“Dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir, sino dar limosna, amor.
Si no lo sabes tú, te lo digo yo.”
Esa frase forma parte de la famosa canción de Alejandro Sanz, “Corazón partió” y es sin lugar a dudas una canción de amor pero si ese verso lo vemos desde otra perspectiva social y/o humana, si reflexionamos sobre lo que está ocurriendo tras el desahucio de una señora de 87años, la cual ha vivido en la misma casa, siete décadas. Es más que comprensibles que a los que aún nos queda corazón y sentido común lo tengamos “partió”.
Y quizá alguien se pregunte qué tiene que ver el desahucio de una mujer de 87 años con lo que acaba de ocurrir en Guinea Ecuatorial.
Aparentemente, nada.
Son historias diferentes, en lugares diferentes y con circunstancias completamente distintas. Pero hay algo que las une: la necesidad de no mirar hacia otro lado cuando la dignidad y los derechos de una persona están siendo vulnerados.
Por eso, mientras aquí nos duele que una mujer de 87 años pueda perder el hogar en el que ha vivido durante siete décadas, hoy también quiero poner el foco unos cuantos kilómetros más allá, en Guinea Ecuatorial, donde esta semana una niña de tan solo 11 años ha sufrido una agresión sexual presuntamente a manos de un familiar.
Poneos un momento en la piel de esa niña. Una niña, que es lo que es independientemente de la ropa que llevase, las horas en las que se encontraba en la calle, no era una buscona como tantas veces se califica y se estigmatiza a las víctimas.
En esta ocasión, se la ha creído porque hay pruebas, hay un vídeo con imágenes donde se puede apreciar el abuso.
Porque ese punto da para otra reflexión, que una haya ha tenido que vivir semejante aberración y para más inri tengas que demostrar la veracidad de lo que cuentas.
Es comprensible y cuesta creer que Fulanito o menganito, familiar o amigo tenga tan malas intenciones para con tu hija, hermana, sobrina, nieta, etc. Porque pasa por increíble, incomprensible, difícil de digerir, pero tristemente pasa más de lo que debería. Por ello, sin tener en cuenta el género protejamos a nuestros niños y niñas.
Qué tristeza me da que se den este tipo de situaciones, y peor aún que donde más casos se den sea en el núcleo familiar.
Quizá por eso hoy tengamos el corazón partío. Porque todavía hay demasiadas cosas que nos duelen.
Pero también porque, por suerte, todavía hay personas que no miran hacia otro lado. Hoy mi guiño es para esas personas que ayudan sin que se lo pidan, que tienden una mano cuando más falta hace y que dan, no lo que les sobra, sino lo que pueden.
Y eso sí es compartir.
Eso sí es tener corazón.


Triste tanto el desahucio como la violación a una persona y aún más a una menor.
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