Tinta invisible

Me encontraba merodeando entre tiendas cuando entré y lo vi. Era un libro un tanto especial, su portada era negra y sus hojas blancas, sin escrito alguno.


Lo lleve a casa, le busqué un lugar, cerca, para poder escribir siempre que quisiera. La idea era utilizarlo como diario; anotar en él las anécdotas y peripecias que me surgían en el transcurso de los días con mis retoños.


Tenía claro que quería modificar la portada, algo más alegre y con color. Sin embargo, nunca sacaba tiempo.


Pasaron los meses y no encontraba el momento adecuado para escribir aunque sí habían sido muchos los momentos en los que, con la mente, imaginaba lo que narraría en aquellas páginas.


Un año después, cuando al fin me decidí a abrirlo,me llevé la gran  sorpresa. No  sé bien cómo explicarlo. Era algo mágico que nadie creería.


El libro estaba lleno de palabras; palabras con todo aquello  que yo no me había sentado a escribir,y lo más curioso,  con una caligrafía igual a la mía.


Este fue mi guiño al día del libro. 😉


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