Las piezas del puzzle
Queridos papá y mamá:
He querido haceros entender por activa y por pasiva que esto
no es normal y no lo quiero para mí. Vivimos en Francia y llevamos una vida normal
o al menos eso pensaba yo hasta que ocurren cosas como la de hoy y veo que nos
hemos llevado lo peor de nuestras costumbres.
Cada dos años, os esforzabais para que fuésemos a nuestra República
Centroafricana y de alguna manera seguir en contacto con nuestras raíces.
El año pasado como en vacaciones anteriores, viajaba ilusionada
de ver de nuevo a la familia y a los amigos de allí. De hecho, todo era normal
hasta que empecé a ver ciertos movimientos extraños…
Aún recuerdo como si fuese ayer el día que me llevaste al
centro comercial y te perdiste entre las prendas y dos mujeres me abordaron y no
dejaban de observarme como si de un objeto se tratara. De pronto, tu llegaste y
pude ver como una de ellas te hizo un guiño. Diría que desde ese día todo cambió.
Pude ver más acciones fuera de lo común pero ya no tiene caso.
La situación no mejoro una vez que volvimos a casa. El día
que me dijiste que tenía que ir al ginecólogo, iba nerviosa, pues nunca antes había
ido. Pensé que te preocupabas por mí y querías saber que todo estaba bien. Sin
embargo, descubrí el certificado de virginidad. Por supuesto, mi himen estaba
intacto. Lástima que mi dignidad no pudiese decir lo mismo. No sabía que valor
tenía aquel documento hasta que supe que era indispensable para el matrimonio
en algunas familias. Fue ahí cuando encaje todas las piezas del puzzle.
Os enfrenté con valentía porque no podía creerlo. Vosotros
las personas que más decíais quererme me habíais vendido… Refugiándoos en
frases como es nuestra cultura, no seremos nosotros los que la cambiemos… Aceptáis
este tipo de costumbres y las normalizáis. No me esperaba esto de vosotros.
Tengo apenas 15 años y en unas horas me tendría que casar
con alguien al que no conozco, una boda concertada que vosotros habéis organizado,
por supuesto sin mi consentimiento.
No voy a ser otro número más en esas cifras tan aterradoras de
niñas que se han casado a una edad temprana, tienen hijos a una edad precoz,
cuando no mueren debido a las complicaciones durante el embarazo o el parto. No
estoy dispuesta a dejar que nadie me viole de ninguna de las maneras. Prefiero
estar muerta.
Podría huir, aunque eso tendría repercusiones para vosotros.
No quiero vivir en la cárcel que habéis mandado hacer para mi porque eso es lo que
siento, que me privéis de mi libertad cuando me obligáis a tener un matrimonio
a esta edad y todo lo que ello conlleva. Jamás pensé que el día de mi boda
fuese también el día de mi muerte. Espero
que lo que yo haga hoy sirva de alguna manera a alguna otra chica el día de
mañana.
Me despido con el corazón roto.
¡Cuidaros mucho!
Este relato es un homenaje al día de hoy,
el día internacional de la niña. Que remueva conciencias. Todavía queda mucho
por hacer pero vamos por buen camino.


Tienes toda la razón, queda mucho por hacer
ResponderEliminarLa verdad que si!!! Muy buena reflexion!! 😘
ResponderEliminarQue bonita manera de relatar el infierno que pasan algunas niñas en sus culturas y el toque de realidad que les hace falta otras pues tienen una infancia de ensueño y no lo valoran.
ResponderEliminarUna historia muy triste
ResponderEliminarLa realidad de muchas niñas...
EliminarSe tienen que seguir contando historias cmo estas
ResponderEliminarMuy buena reflexión tata
ResponderEliminarNo me puedo imaginar pasar por eso... Buen relato.
ResponderEliminarEs increible que en el siglo 21 aun sigamos viendo ese tipo de costumbres arcaicas
ResponderEliminar.
Un relato increíble, la personalización, como llega al lector, haciéndole partícipe del sentimiento y situación de la niña. Impresionante, hace reflexionar cuán lejos estamos de cambiar muchas situaciones.
ResponderEliminarGracias Elvira . Bravo.
Falta mucho por hacer pero por algo se empieza, los padres tenemos mucha culpa de algunas de estas situaciones, por nuestro silencio y complicidad, gracias mi niña por plasmar la cruda realidad y el infierno que viven muchas niñas africanas.
ResponderEliminarFalta mucho por hacer pero por algo se empieza, los padres tenemos mucha culpa de algunas de estas situaciones, por nuestro silencio y complicidad, gracias mi niña por plasmar la cruda realidad y el infierno que viven muchas niñas africanas.
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